Una gota de agua, una piedrecita y la luz que pasa entre ellas. Eugeni Quitllet explica Kokó desde la partícula más pequeña hasta la silla entera.
Kokó empieza en una partícula. Eugeni Quitllet imaginó un elemento mínimo, una gota de agua o una piedrecita, capaz de unirse a otro por sí solo y crecer hasta dibujar una forma. La silla es el resultado de esa suma: decenas de gotas que se encadenan y levantan, en un único gesto, un asiento que abraza. «Es una manera de quitarle el límite físico a lo material», explica el diseñador.
Esa idea cambia la manera de leer el volumen. Las gotas se van sumando alrededor del cuerpo y la ergonomía aparece con la naturalidad de algo que ha crecido así. Entre una y otra queda el hueco, y Quitllet le da el mismo valor que a la materia. «El aire es tan importante como la materia».
Rocío antes del sol
La imagen que guía el proyecto es el rocío de una mañana sobre los pétalos de una flor, en el instante en que empieza a evaporarse con la salida del sol. De ahí nace también el nombre. Quitllet buscaba la idea de una memoria, de un perfume, «algo que no es físico, que es más un vapor en el aire». Kokó conserva esa cualidad etérea y, a la vez, es una pieza de una fuerza sorprendente.
La luz como material
Para el diseñador, el objeto es el punto de partida. Cada gota es convexa por dentro y cóncava por fuera, y esa doble curvatura recoge la luz para devolverla en reflejos y sombras. Bajo la silla y bajo la mesa se dibuja un caleidoscopio que cambia con el movimiento del sol. «Una materia opaca deviene transparente».
Ahí está lo que a Quitllet le interesa del diseño: lo que la pieza irradia a su alrededor, esa atmósfera de geometrías que nacen con el movimiento.
Un solo gesto
Toda esa ligereza se sostiene en una pieza única de polipropileno inyectado y lacado. Llegar a ella llevó muchos años de trabajo, hasta conseguir que la inyección recorriera la superficie entera. Quitllet la considera uno de los objetos más avanzados que ha realizado, en lo técnico y en lo creativo. Las sillas se apilan con naturalidad, y la misma idea da forma a una mesa monobloque.
El color termina de definir su carácter. El favorito del diseñador es un rojo tierra intenso, apasionado, que convive con un gris blanco de gran elegancia.